sábado, 3 de diciembre de 2011

01x04: El Canario Chino (Primera Parte) Por Tioserio

Están a punto de dar las cuatro de la tarde. Los tímidos rayos de sol entran sin permiso por la ventana de mi despacho. Estoy sentado en mi sillón, con las piernas apoyadas en la mesa. Hace relativamente poco que he llegado a la ciudad y ya tengo mi vida organizada y un despacho de detectives que lo mismo no lleva ni dos días abierto. Por eso ahora mismo no hago nada de nada, solo esperar al que posiblemente fuera mi primer y único cliente. Porque nunca he sido alguien que esté mucho tiempo en el mismo lugar, para qué voy a negarlo.

Siento que la silla de Candy se mueve. Candy es mi secretaria. Es una pequeña y pobre diablesa. Lista como ella sola, la contraté porque rivalizaba en inteligencia a la que en otros tiempos solía ser mi compañera. Encontrar una secretaria lista y mona no es fácil en estos tiempos que corren. Llama a mi puerta, se asoma y me avisa de una mujer que está afuera y que requiere de mis servicios. Mi primer cliente no es cliente, que es clienta. No está mal. Le digo a Candy que la deje pasar. Una figura femenina ocupa su lugar:

- Es usted el... Detective Serio, ¿verdad?
- Sí, ese soy yo. - Sonrió mientras quito los pies de la mesa. - Pase y sientese, tenemos todo el tiempo del mundo...

1x04: El canario chino

Mientras se sienta, tengo el placer de observar a mi primera clienta en todo su esplendor: alta, delgada, generosos atributos, ojos del color de la miel, labios sensuales pintados de un rojo pasión... Lo que se dice un monumento de mujer, vaya. No esperaba otra cosa de mi primer cliente. Hubiese sido muy decepcionante para alguien que se ha criado viendo cine negro - bueno, algo así, en realidad había visto dos o tres películas allá en Gallifrey - que por la puerta hubiera aparecido un tipo cuarentón y rechoncho pidiendome que rescatara su caniche. Saca un cigarrillo de su bolso, lo enciende y se lo pone en la boca.

- Pues usted me dirá, señorita...
- Dickinson. Señorita Dickinson. Quiero que encuentre una figurilla que me robaron el otro día. Habría ido a la policia si no fuera porque... eh... no la conseguí de una forma exactamente honrada. Por eso necesito que la encuentre usted por ellos. Mire, aquí tengo una foto. - Saca de su bolso un papel y me lo da. - Yo la llamo en privado "El Canario Chino" porque es un pájaro dorado y porque debajo pone "Made in China". Que no le engañe su apariencia: es una figurilla que vale millones. O eso creo. Que las medidas de seguridad de dónde la tomé prestada eran bastante buenas.
- Muy bien, me encargaré del caso. Pero le costará caro. Trescientos dolares de la época - no sé por qué dije eso, ser un viajero del tiempo a veces te traiciona. - y cincuenta diarios en función de gastos.
- El dinero no es problema. Tomé, le firmaré un cheque. - Saca de su bolso una chequera, garabatea algo y me entrega un cheque por valor de 250 dólares. Ahora sé que su nombre es Beatrice. - Espero que esto sufrague gran parte de la investigación sino toda. Si en cinco días no lo ha resuelto, ya le traeré otro cheque. No se preocupe.
- Muy bien, Beatrice. - Me levanto para acompañarla a la puerta. Cuestión de cortesia. - ¿Importa que la llame Beatrice? Perfecto. Si tiene un número de teléfono y una dirección en la que la pueda encontrar fácilmente para informarla de cualquier cosa... pues me haría un favor. - La señorita Dickinson saca una tarjeta y me la da. - Muy bien. Me pondré a ello enseguida. Buenos días, señorita Dickinson.

La señorita Dickinson sale del despacho y me deja centrado en mis pensamientos. No sé por dónde empezar. Quiero decir, he salvado mundos y luchado contra peligrosos alienigenas, pero nunca había hecho trabajo detectivesco. Para ayudar a la mente, saco de un cajón mi boina sónica. La giro un poco, la miro y despues le sacó el dispositivo sónico. No, en esta época definitivamente no pega. Tengo que comprarme un sombrero de esos de ala ancha. Sombreros de ala ancha sónicos are cool. Y tambien una gabardina. Que no se diga que no puedo parecer un detective privado. El chandal no. Ese se queda. Un chandal pega con todo y en cualquier época. Experiencia me lo ha demostrado. Cojo el cheque y salgo del despacho no sin antes decirle a Candy que cuando sea la hora cierre la oficina y se vaya a casa, que ya nos vemos mañana si eso.

Si Martah hubiese estado por aquí, seguro que la compra se habría convertido en una gran aventura. Pero no está. Por lo que sé, ahora mismo está en una biblioteca polvorienta estudiando sus apuntes. Podrá ser todo lo viajera del tiempo que quiera pero tambien es responsable. Por eso no puse objeciones cuando me dijo de dejarla un tiempo hasta que estudiara y aprobara los examenes de febrero. Así que en realidad la compra de un gorro de ala ancha y una gabardina ha sido coser y cantar. Los años le dan a uno una experiencia y un saber cómo comportarse que no se aprenden en la escuela de los Señores del Tiempo. Pertrechado y listo, empiezo por lo más obvio y voy en busca de unas páginas amarillas que me digan dónde están los anticuarios de esta ciudad. Si no recuerdo mal, hay unas en el piso que he alquilado. Excusa perfecta para dar el día por terminado. Son casi las seis y sigo investigando habré trabajado más de dos horas. Y eso sí que no, que tambien hay que dejar descansar al cuerpo.

Llego a casa, me pongo comodo y voy directo a ver si la Tardis sigue en el salón. Por muchas medidas de protección que tenga por dentro, sigue siendo una maldita caja azul en un piso ruinoso. Y subrayo lo de piso ruinoso. Porque mira que es ruinoso. Ni agua caliente tiene. Entro dentro de la nave y me pego una ducha. Cuando salgo, ya vestido, me repanchingo en el sillón y, sin saber muy bien cómo ni por qué, me quedo dormido. Bueno, sí que sé el por qué. Y el cómo me lo puedo imaginar. A veces tengo mis puntos de brillantez.

Me despierta un estruendo que me hace saltar del sillón y me tira al suelo. Tras la desorientación inicial, miro a mi alrededor. Estoy rodeado de cristales que provienen seguramente - aunque sea algo que tampoco podría asegurar - de la ventana rota del salón, a traves de la cual ahora puedo ver el cielo estrellado que me dice que es noche cerrada. Miro mi reloj - son las cuatro de la mañana - y en ese momento me fijo en el bulto que está justo enfrente de mí. Lo cojo. Es una piedra con un papel atado con una cuerda. Empiezo a atar cabos mientras desato la cuerda. Entonces lo que ha pasado es que alguien, con una intención cualquiera, me ha tirado esta piedra a la ventana. Igual quieren llamar mi atención. Desenrollo el papel. Dentro, en una letra apresurada, está escrito lo siguiente:

"Tengo información sobre el Canario Chino que está buscando. Betty Dickinson no es quién dice ser. Todo es mentira. Bueno, o algo. Estaré mañana a las 12 de la mañana en el banco más al Sureste del Parque. No diré el nombre del parque porque usted ya sabe cual es. ESE parque. No estamos evitando poner nombres a la localización para que ahora venga yo y le diga el nombre del parque. Pues eso, que nos vemos allí. Firmado: Anónimo."

Leo la nota dos o tres veces. Luego miro el reverso. No sería la primera vez - digo yo - que un confidente deja por la parte del detrás del mensaje una explicación más sencilla y directa del asunto. Porque lo que es yo no he entendido ni jota. Bueno, ya lo consultaré mañana con Candy. Que ella es más versada en temas de notas extrañas. Lo sé porque cuando la contraté ya me dijo que no era su primer trabajo como secretaria de detectives privados. Joven, sin duda, pero con una experiencia magistral. Ya me lo demostró el primer día cuando vino el casero a cobrar el adelanto y le dio largas. Con esa determinación, cojo la cama por banda y me preparo para seguir durmiendo.

El sol ya se vislumbra en el cielo cuando me despierto. Las doce de la mañana y yo con estos pelos. O eso o mi reloj se ha estropeado. Que con el tema de ser viajero del tiempo, no sería la primera vez. Enciendo la radio para confirmar la hora. Las doce y cinco de la mañana. Me visto, desayuno algo y salgo pitando para el despacho. Según entro por la puerta, veo que Candy está ya en su mesa, sonriente, rellenando formularios o haciendo todo el trabajo que debería hacer y que no sé de dónde saca. - porque al fin y al cabo, no hemos tenido un cliente desde que estamos abiertos. - Dejo la gabardina y el sombrero de ala ancha encima de la silla de mi despacho y me acerco a su mesa.

- ¡Buenos días, Candy!
- Buenos días, Detective Serio. ¿Qué tal ayer? ¿Descansaste lo suficiente? No te preocupes. Abrí la oficina y cogí los recados. Tienes tres potenciales clientes. Sus avisos están en tu mesa. Tambien te he dejado el periódico de ayer y el de hoy.
- Un momentito... ¿Cómo que "ayer abriste el despacho"? Pero si te dejé ayer por la tarde... - Empiezo a estar un poquito desorientado.
- La última vez que nos vimos fue anteayer, cuando saliste de tu despacho a hacer unas compras. Ayer no apareciste por la oficina, Detective Serio.
- Un momento... ¿Me estás diciendo que he dormido más de un día? - Me hice el sorprendido aunque en realidad tampoco lo estaba demasiado. Hay veces que los Señores del Tiempo, así como raza, somos capaces de dormir el doble o el triple que el ser humano medio. Tambien es cierto que podemos estar despiertos el doble o el triple de tiempo. - ¡Guau! Bueno, entonces... - Rebusqué en los bolsillos y saqué el mensaje - Bueno, por si acaso. Oye, Candy... ¿puedes echarle un vistazo a esta nota que recibí anteayer por la noche y decirme qué piensas de ella?
- Dejame a ver... - Candy coge la nota, la lee y me la devuelve. - Un tipo que quiere decirte algo sobre tu cliente y que quedó contigo ayer a las 12 de la mañana. Una reunión que seguro que te perdiste, ¿verdad? - Asiento. - Bueno, supongo que si fuera tan importante, te habría vuelto a avisar de alguna forma. No creo que sea preocupante.
- Ufff... Ya empezaba a preocuparme. Bueno, nena, me voy al despacho. Cualquier cosa, ya sabes dónde estoy.

Y dicho esto, entro en mi despacho, cierro la puerta y me siento en el sillón. Uno tiene que tener máxima concentración si quiere hacer su trabajo bien. Pueda que necesite una pequeña ayuda de vez en cuando, pero tampoco es tonto del todo. Miro las tres notas de los potenciales clientes que me ha dejado Candy en la mesa. Dos esposas presuntamente engañadas y un tiroteo por un asunto de drogas "muy chungo para que lo investigue la policia". De momento tendrán que esperar. Para otras cosas podré ser muy multi-tareas pero para el tema del trabajo detectivesco - el cual, como quién dice, acabo de empezar - todavía necesito ir de uno en uno. Además, los maridos van a seguir estando en cama ajena y el muerto va a seguir muerto cuando acabe con este caso. Seguro. Los dejo en el recien inaugurado "cajón de casos futuros" - el cajón superior izquierdo de la mesa - y paso a los periodicos.

No he pasado ni diez minutos con el periódico de hoy cuando me fijo en una noticia en concreto. Pongo los ojos como platos. ¡No puede ser! Dejo de leer, me levantó de la silla, cojo rápidamente mi sombrero de ala ancha sónico y mi gabardina y salgo escopetado del despacho. Es la primera vez que veo a Candy asombrada. Empieza a preguntarme que qué ha pasado pero cuando acaba la pregunta ya voy por el pasillo. O, bueno, supongo que habrá querido preguntarme eso. Las palabras de la noticia aún resuenan en mi cabeza mientras bajo las escaleras:

"ENCONTRADOS DOS CADAVERES EN EL PARQUE

Las víctimas, una de ellas identificada como Betty Dickinson y un varón desconocido, han sido hoy descubiertos por la policia presuntamente asesinados en la zona Sureste del Parque. Ambos tienen una herida en la cabeza ocasionada por un arma de fuego. Lo extraño del asunto para los investigadores es la ausencia de sangre en el escenario. En su lugar, testigos afirman haber visto una sustancia verde viscosa saliendo de los cuerpos. Se sigue investigando para aclarar los numerosos puntos negros que tiene este caso."

(CONTINUARÁ)

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